Nihilismo, esperanza y videojuegos

Aproximación al sentido de la vida y del sufrimiento en Final Fantasy XIV: Endwalker


He conocido a un jugador con una buena historia que contar. Su nombre es Lucius.

Los videojuegos, de entrada, los consideramos un tipo de ocio peligroso: sustrato de adicción, con aspectos oscuros y violentos, obstáculo para la socialización en carne y hueso, alimento para excéntricos… Y está claro que algo de todo esto hay, pero también hay mucho más. La realidad es que gran parte de la vida y del ocio se mueve hoy en lo virtual y en lo audiovisual, y también allí vuelcan su creatividad grandes artistas, músicos, diseñadores, guionistas, contadores de historias. Y allí también se buscan respuestas a las grandes preguntas de la existencia.

Lucius me contó que sabía por experiencia propia lo que era el sufrimiento, que había hecho terapia y leído mucho, y que también le había ayudado un videojuego. Me intrigó lo del videojuego.

«Un videojuego con una historia que trata del nihilismo, del sentido de la vida… todo lo trabajado en terapia y lo leído… me hizo clic al vivirlo en el videojuego… conseguí interiorizar lo que había tratado en terapia».

—¿De qué trata ese videojuego?

«Resumiendo mucho… el antagonista, después de recorrer muchos mundos, de ver mucho… deduce que el problema de la gente es la vida misma y, por tanto, hay que erradicar la vida misma: matarlos a todos, o suicidarse, o evitar que vengan más vidas porque es más sufrimiento… Pero tú estás en contra del antagonista, del lado que dice que eso no es así… y tienes que mostrar que la vida, aunque haya sufrimiento, merece ser vivida, que el sufrimiento tiene sentido, que puedes hacer algo con ese sufrimiento; el hecho de que el final de la vida sea la muerte no hace que la muerte sea el objetivo de la vida».

—Oye, ¿y por qué no lo escribes? Esto que te ha ayudado quizá podría ayudar también a otros.

Y aquí está su relato. Gracias por compartirlo, Lucius.

Final Fantasy XIV: Endwalker. La respuesta al sentido de la vida y el sufrimiento. Por Lucius Zohar

Final Fantasy XIV es una historia que te cambia la vida, sin exagerar. El pensamiento más extendido respecto a los videojuegos es que son una pérdida de tiempo. Por suerte esto está empezando a cambiar. Mientras que no niego que varios videojuegos tienen como único objetivo conseguir dinero y volver adictos a aquellos que los juegan, enganchándolos para que jueguen durante horas sin término, hay otros que se pueden considerar una obra de arte total. Estos últimos tienen como objetivo transmitir un mensaje a través de una experiencia que no es reproducible por ningún otro medio. Los videojuegos tienen a su disposición los elementos visuales, musicales y narrativos que tienen una película, un disco de un artista, o un libro, respectivamente. Pero aparte de estos aspectos, los videojuegos añaden la inmersión e interacción. Y la combinación de todos ellos es lo que los hace únicos.

Yo siempre he sido una persona a la que le cuesta mucho ver el lado positivo de la vida. Tanto es así que hubo momentos en los que no veía más que sufrimiento, dolor, tristeza, muerte… incluso la mía propia. Esto era lo único en lo que podía pensar. Las emociones negativas me abrumaban y no podía ir más allá de mi mismo, luchaba sólo por sobrevivir, y esto tan sólo como mero instinto primario. Había perdido el sentido de la vida. No tenía ni ambición ni nada por lo que pelear. No sabía poner solución o siquiera cómo enfrentarme a mis problemas. Y para evadirme… usaba (y uso) los videojuegos. 

Pero no me vale cualquier juego. Jugar por jugar no llenaba mi anhelo interior de felicidad. Una distracción superficial no daba la talla. Para eso podría haber usado las drogas, alcohol o cualquier otra forma de evadirme que tan solo me hiciera “sentir bonito”. Necesitaba algo que pudiese llenar mi deseo interior de compañía, de propósito y ambición, algo que me respondiese al motivo de estar vivo. Y es por eso que siempre he buscado juegos con historia profunda, juegos principalmente narrativos, con una experiencia elaborada, artesanal incluso.

Y he jugado a varios juegos de este estilo. Estas experiencias, cada una a su manera y en su medida, me han ido enseñando lecciones y apoyando en momentos duros. La saga de Dark Souls me ayudó a cultivar la perseverancia y no darme por vencido, Omori me enseñó a saber perdonarme, y Elden Ring me educó en que el mundo no es blanco o negro, sino un mar de grises que hay que saber navegar. Pero sin duda alguna, el juego que más me ha cambiado mi forma de ver la vida es Final Fantasy XIV: Endwalker. Veamos ahora qué es lo que lo hace tan especial.

Final Fantasy XIV es un juego de rol de fantasía. Tú creas lo que es tu avatar, tu personaje, y “roleas” como él. Editas todo sobre él: género, raza, apariencia y clase (a lo que se dedica). Es decir, haces un personaje que sirve como una forma de autoinserción en la historia y el mundo de Final Fantasy. Ese personaje, eres tú, es tu avatar. Tú lo controlas en todos los aspectos, lo que hace y lo que dice (en cierta medida). De esta manera, pasas a formar parte de ese mundo. Y no sólo eso, sino que la historia hace que seas el protagonista de la historia que va a contar. Y hay muchas, muchísimas historias dentro del juego. Pero la más importante ahora es la que se cuenta en la expansión Endwalker del juego.

Tal y como su nombre indica, esta expansión cierra el ciclo de una historia contada durante ocho años. Es el culmen y el cierre de una saga. Y por ello, hay que considerar todos los años anteriores en los que uno ha jugado a ese juego. Si uno se centra en la historia únicamente, y jugase ahora al juego de forma seguida, tardaría 300 horas más o menos en terminar la historia. Pero para aquellos que llevamos más tiempo, los personajes, vivencias y aventuras vividas pueden tener una antigüedad de más de cinco años. Son gente con la que hemos crecido, e incluso que hemos pasado con ellos múltiples etapas de nuestra vida (en la vida real). Puede que sean NPCs (Non-Player Characters), pero esos personajes nos han acompañado en sufrimiento, victoria, gozo, tristeza e incluso traición, tanto dentro como fuera del juego. Es por eso que la historia de Endwalker impacta tanto. No sólo por su calidad narrativa, sino porque es a lo que han llevado todas las experiencias e historias anteriores.

Hay que remarcar también que Final Fantasy XIV es un MMORPG. Estas siglas significan Massively Multiplayer Online Role-Playing Game (Videojuego de rol multijugador masivo en línea). ¿Por qué es esto importante? Porque en este mismo juego hay más personajes como el tuyo. Más avatares, más jugadores. Cada uno viviendo la historia que tú estás viviendo. Pero el jugador detrás de cada avatar es distinto. Y por ello, la forma en la que se vive la experiencia es diferente, pero respecto de lo mismo. Y esto te une con ellos en cierta manera. Todos protagonistas de la misma historia, enfrentándonos a lo mismo, pero cada uno es el personaje principal de su propia experiencia vital. De hecho, hay momentos en la historia en la que puedes pedir ayuda de otros jugadores para enfrentarte a enemigos mucho más fuertes que tú o hacer grupos permanentes para ir a explorar juntos durante largos periodos de tiempo, si os caéis bien. Se asemeja a la misma vida, en mi opinión.

Ahora, el porqué de que esta expansión de Final Fantasy me haya cambiado tanto. Los temas principales de la historia son: el sentido de la vida, el nihilismo, el sufrimiento y la esperanza. Voy a intentar hacer la menor cantidad de spoilers. Sé que el juego no es para todo el mundo y que la mayoría de vosotros (muy a mi pesar) no tenéis ni tiempo ni ganas de invertir tantas horas de vuestro tiempo en jugar a Final Fantasy XIV. Pero en honor de quien sí quiera, haré todo el esfuerzo que pueda para no hacer spoilers, aunque alguno sea inevitable. Valga esto como aviso.

El juego

El mundo está al borde del colapso. El fin de los días se acerca, y tú y tu grupo de amigos sois los únicos capaces de detenerlo. Una premisa muy estándar en cuanto a líneas generales de cualquier trama. Pero lo interesante es el porqué de ese fin del mundo. Al igual que en otras historias, hay un antagonista principal. Este antagonista desea la destrucción del mundo. Pero mientras que otros villanos intentan conseguir este objetivo por malicia, o es un resultado secundario de su dominación mundial, el antagonista de esta historia llega a una conclusión que conlleva esta acción como resultado lógico.

¿Cómo es eso posible? Resulta que el antagonista de esta historia es una criatura cuyo objetivo era buscar por el universo, vagar por él, y preguntar a la gente que encontrase “El porqué de su vida. Qué es lo que da a su vida sentido.” Y buscó por todo el universo la respuesta de esa pregunta. Este es un resumen del informe que trajo de sus aventuras y de los mundos que encontró: 

«Se han hallado edificios que se supone que son residencias abandonadas. No se han detectado formas de vida actuales. Es probable que una plaga mortal o una degradación medioambiental extrema hayan provocado una extinción masiva». 

«Estrella encontrada en estado de conflicto violento. Se estableció contacto con éxito con los habitantes, pero el despliegue de armas de destrucción masiva provocó la aniquilación total de la población local poco después».

«La civilización local floreció en su día bajo los auspicios de un poder superior. Dicho poder arrasó posteriormente la civilización en un arrebato de ira. Al revelarme esto, la entidad optó por autodestruirse en lugar de dar respuesta a nuestras preguntas. No se han encontrado otras formas de vida inteligentes».

«Una raza había descartado todo aquello que daba lugar al dolor, con la esperanza de tener solo alegría. Descubrieron que la alegría perdía su sabor en ausencia del dolor, y perdieron las ganas de vivir».

«Una raza se había esforzado por crear un mundo desprovisto de animosidad. Renunciaron a las relaciones para evitar los conflictos interpersonales y, al hacerlo, provocaron el colapso de la sociedad».

«Una raza había renunciado a la guerra y se había dedicado al enriquecimiento de su pueblo. Fueron conquistados. Aunque destruyeron al enemigo en represalia, no pudieron recuperar su antigua gloria».

Así, nuestro antagonista concluyó lo siguiente:

«Aunque vivían en mundos muy distintos, estas personas compartían una misma convicción: la de que lo habían dado todo.

Que habían intentado desarrollar todo su potencial con cada paso y cada logro.

En el transcurso de ese proceso, descubrieron la verdad.

Que nunca se librarían del miedo y la tristeza, la ira y la desesperación… ni de la soledad…  mientras siguieran vivos.

Oh, humanidad […], regocijaos, pues os liberaremos del cruel yugo de la existencia.

No hay necesidad de luchar en vano, pues en el vacío, la nada, os espera la salvación. Conoceréis la paz y la serenidad… Y será hermoso.

Tal es la respuesta que hemos encontrado en las estrellas. Tal es el regalo que ahora os ofrecemos […].».

Y desde ese momento, el personaje tomará el lado de la desesperación y la aniquilación de toda la vida. Es decir, concluye que el problema de la vida, el motivo del sufrimiento… es la vida misma. Y por ello, hay que acabar con ella. Esta es la posición de muchas personas. Varias de ellas no lo saben, y aún otras no toman ninguna acción al respecto. Pero es un pensamiento que te corroe por dentro. Y a veces la corrosión es tal que te empuja a intentar atentar contra tu propia vida. Como lo hizo conmigo.

Por el contrario, en el juego, tu avatar y tu grupo están del lado de la esperanza. De que la vida posee un sentido más allá del sufrimiento. No aceptan la conclusión del antagonista. Reniegan de que el sufrimiento sea lo único que hay en la vida o algo que tiñe toda nuestra existencia de tal manera que sea imposible ir más allá de ello. Y a la vez… aceptan tal sufrimiento. Lo aceptan como parte de la vida, como algo de lo que no hay que renegar. El juego no toma una posición como: “La felicidad de la vida supera al sufrimiento que pueda haber en ella” o “todo sufrimiento tiene un lado bueno”. No es tan simple, y en el juego muchas veces se experimenta sufrimiento que no tiene un sentido aparente o del cual no se puede sacar nada. No se dice tampoco que el sufrimiento sea necesario, sino que se presenta como algo inevitable. El juego no intenta darte la respuesta al sentido de la vida, lo que hace es ponerte el marco y darte algunas herramientas para poder enfrentarte a esa pregunta. No te dice la respuesta, pero te dice que existe, y ciertamente puede buscarse. Cada uno buscando el color de nuestra propia felicidad. Hemos de encontrar, momento a momento, el porqué de que existamos. No hay camino fijo o una fórmula que nos lo garantice. Y esa es la suerte y la maldición de nuestra existencia. El lienzo de nuestra vida pintado de una miríada de colores.

Así, al final de todo… tras ser derrotado por nosotros, el antagonista concluye:

“Sí, puedo verlos… Los recuerdos de un largo, largo viaje… Tanta gente… Los pensamientos sobre ellos desbordando tu corazón… Para qué viven, qué da sentido a sus vidas… Nunca hubo una única respuesta. Recoges fragmentos de felicidad, preciosos y frágiles, solo para perderlos. Y luego vuelves a empezar. Y así sucesivamente, hasta que la muerte te acoge en su suave abrazo. Lo que […] nos envió a buscar… estaba aquí todo este tiempo.”

Por el contrario, de tu lado hay una figura que te acompaña siempre, de forma parecida a un dios, que representa bastante bien la postura del bando de la esperanza. Este personaje te ayuda a levantarte cuando te derrotan, te protege, y te impulsa a ir más allá de tu propio límite. Pero no hace nada en tu lugar. No está presente como personaje continuo en la historia. Escuchas su voz y sus consejos, pero no te soluciona los problemas de forma milagrosa. Escuchas los ecos y notas su presencia, pero no te da la respuesta a tu vida directamente. Te ayuda a que la encuentres. Esta figura también me ayudó a reconciliarme con Dios, pues yo estaba frustrado con él. No veía que me ayudase ni lo sentía como algo presente en mi vida. Pero gracias a este personaje… entendí como me había estado acompañando. 

El juego toma una posición agnóstica. No dice que la respuesta de la vida se encuentre en la fe. Muestra los peligros de la religión mal usada y desenmascara a los falsos dioses por lo que son, pero la verdadera divinidad nunca desaparece del cuadro. Estas son algunas de las mejores frases de este personaje a lo largo de la historia: 

“No, mis amigos. El sufrimiento existe y no podemos pretender que no es así. No hay civilización, por muy grande que fuera, que pueda eliminarlo. Si hemos de vivir, debemos aceptarlo con un acompañante constante. No intentemos olvidar esta tragedia. Hemos de llevarla en nuestros corazones, volviéndonos más fuertes […]”

“Todo es un dolor insoportable. Exhalo fuego y tormento. Doy a luz a un mundo de sufrimiento, de miseria y plaga. En un instante fugaz, las vidas van y vienen, avanzando siempre hacia lo desconocido. Y en ese instante fugaz, claman por la respuesta a la pregunta: ¿por qué, habiéndoles sido concedida la vida, están destinados a sufrir? A morir… Como seres fragmentados e imperfectos, la vuestra es una búsqueda sin fin. Una búsqueda para encontrar vuestro propósito, sabiendo que vuestro final está asegurado. Para encontrar la fuerza para seguir adelante, cuando ya no os queda fuerza alguna. Para encontrar la alegría, incluso cuando la oscuridad se cierne sobre vosotros… Y en medio de la más profunda desesperación, luz eterna.”

Todas estas lecciones, son el culmen de años de historia y horas de juego. No lo dicen por decir. Hemos tenido que entenderlas con sufrimiento, tras muchos esfuerzos, batallas perdidas, compañeros que dejamos atrás. Es algo que los personajes y yo mismo hemos ido aprendiendo con sudor y lágrimas. Tanto en el juego, como en la vida real.

El clic

La historia de Final Fantasy XIV causó que algo en mi cabeza hiciera clic. Estas frases las había ya oído por ahí, son ideas que ya me habían comentado mis amigos, que ya había meditado o que mi psicóloga me había intentado enseñar. Pero no lo había interiorizado. El hecho de vivirlo a través de mi avatar, de sufrir con estos personajes, de enfrentarme a semejante oponente (la encarnación de la desesperación) del lado de la esperanza, hizo que dentro de mi se formase una luz, una resistencia al pensamiento de que la vida no tiene sentido. Y es algo que cala tan dentro, porque tu avatar está ahí, y por ello, tú estás ahí, peleando contra la personificación del nihilismo y la agonía. Puede que no sientas el filo de la espada en tu piel, pero ves tu barra de vida bajar sabiendo que otras vidas dependen de ti, puede que no sean tus verdaderos amigos quienes están en peligro, pero luchas por ellos como si lo fueran, y puede que si fallase y perdiese contra el antagonista en el juego, podría intentarlo de nuevo, pero si perdiese contra lo que representa ese antagonista en la vida real, mi vida se acabaría definitivamente. Es así como le juego llega a tocar la realidad. Te hace vivir algo, a través de una pantalla si, pero lo vives igualmente.

Sólo el juego no habría sido suficiente para hacerme cambiar. Mi psicóloga, mis propias experiencias vitales y mis relaciones con otros han tenido un papel importantísimo en mi mejoría mental. Pero es gracias a esta historia que tengo una perspectiva distinta en la vida, una manera de afrontar las cosas. Antes me preguntaba a cada momento si iba a poder con esto, con el peso de la vida. Y gracias a Final Fantasy XIV me he dado cuenta de que puedo. Puedo por el hecho de que me despierto el día de mañana. Esa es mi forma de poder con ello. Y por muy mal que me encuentre, sigo vivo. Aunque haya días que no tenga ganas ni de moverme de la cama. Sigo vivo. Y mientras eso sea así, la historia no termina, el amanecer sigue a la noche. Porque la tragedia no es lo que me define. El tiempo sigue fluyendo, y por ello, aunque solo sea por ello, sigo adelante. El juego te da un souvenir, un mensaje a recordar. Lo más importante, lo que nos guiará hasta el final: “Donde hay luz, hay sombra.” Hemos de aceptar la existencia de ambos. Felicidad y sufrimiento. Ninguno explica toda nuestra existencia. Obcecarnos en uno solo acabará haciéndonos daño. Siempre hay un después. Hay que agarrarse a la esperanza de que el amanecer brillará y tiempos mejores llegarán.

Como bien dicen dos de mis personajes favoritos. 

«Pero por muchas veces que nos hayamos caído, hemos aprendido a levantarnos y seguir adelante. Nos damos la mano. Compartimos nuestro valor. Seguimos los pasos de otros. ¡Y convertimos esa tristeza en fuerza!» (Alisaie)

«Hay momentos en los que fracasamos. Llevamos heridas que no cicatrizan. ¡Pero estas experiencias forman parte de la vida y nos hacen más fuertes!» (Alphinaud)

«¡Nos levantamos, caemos y volvemos a levantarnos!» (Alisae y Alphinaud)

No es que yo me haya hecho más fuerte, sino que peleo de otra forma. No es que mi personaje haya subido de nivel, sino que quien está detrás del mando es alguien nuevo.

Contenido extra

Canciones que me impactaron de Final Fantasy XIV: 

Answers. Esta canción muestra la población del mundo clamando a este personaje que se asemeja a dios que les de la respuesta de la vida. Y cómo este les responde.

Thy Life is a riddle, to bear rapture and sorrow / To listen, to suffer, to entrust unto tomorrow / In one fleeting moment, from the Land doth life flow / Yet in one fleeting moment, for anew it doth grow / In the same fleeting moment / Thou must live, Die, And know

Flow together. Esta canción suena al encontrarte con este personaje que representa a dios (para mi) por primera vez tras tanto tiempo. Y es como una despedida y una bienvenida a la vez. 

Deep, dark, far away / I have heard your voice, weighed your every choice / Now our hands join round the meaning you sought / I’ll catch your tears / Quench your fears with joy ‘til you near the shore / Where in time, all shall as hope be reborn

Ambas canciones tienen muy buena letra, y las escucho de vez en cuando si siento que el sufrimiento me abruma. Una forma de recordar lo aprendido en el juego.

Mi avatar, mi otro yo

Este soy yo en Final Fantasy XIV. Mi avatar se llama Lucius Zohar. Un Mago Blanco que se dedica a apoyar a otros en sus misiones curando sus heridas y protegiéndolos de peligro.

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