Lo urgente que muerde el pecho

Comerás flores, de Lucía Solla Sobral, una lectura sobre la necesidad y el deseo, la urgencia de sentirse querida y el difícil proceso de reconocer aquello que hace daño. Una historia de amor, dependencia, miedo y liberación, contada desde el cuerpo.
Hemos retomado nuestro club de lectura, nuestro espacio de lectura compartida. Desde el ocaso.
Marina, veinticuatro años, tiene una perra, Frida. Tiene una amiga-twin, Diana, con quien comparte todo. Ha muerto su padre y tiene un vacío que duele, o un dolor agarrado, sordo.
No sabíamos qué hacer con tanto dolor en los pulmones.
Me tenía los pulmones silbando, agujereados de tanto recordar.
Siempre me aburro, y siempre sé que me voy a aburrir. Es un aburrimiento anticipado, como la morriña culiando aun no te has ido del sitio en el que estabas de visita.
Empieza a salir con Jaime, veinte años mayor. Tiene todo lo que se puede desear: posición, dinero…
Mis veinticuatro y sus cuarenta y cinco… Yo, en lugar de morirme de vergüenza cada vez que alguien me confundía con su hija… me sentía más segura que nunca. Ahora era interesante. La más atractiva.
Posición, dinero… y pasión.
Yo siempre quise urgente, buscaba amores que se atragantasen de ganas, que hirviesen, que no diesen tiempo a nada más que a querer.
Teníamos urgencia, como si llevásemos el contador de una bomba pegado al pecho, tic, tac, tic, tac,…
Lo que menos me gustaba del amor era tener que pausarlo. De lunes a viernes, y de nueve a siete me guardaba los nuevos olores, los sabores, texturas, nuestro lenguaje,… para poder ir al trabajo.
Se siente plena, feliz, no se puede pedir más a la vida.
Ya había hecho todo lo que quería y lo que creía que querían de mí. una relación estable con un hombre serio y responsable. Sentar la cabeza. Volver al norte. Estar quieta un rato. Comer de todo. Comer flores.
Soñarás con que los consejos de tu madre están por encima de los temblores de tus piernas en las crisis de ansiedad. Soñarás con poder llegar a fin de mes sin que las noticias del banco te muerdan el pecho. Soñarás con que te vengan bien dadas.
Está enamorada. Sí, enamorada. A pesar de. Jaime tiene alguna cosa, es un poco celoso… no le gusta que Marina haga sus planes ni salga con sus amigas… ese silencio-chantaje… cosillas. Un celoso de manual. Y un controlador peligroso, vamos.
Claro que te quiero. Te quiero porque yo me aburría mucho antes. Te quiero porque siempre quise un amor urgente que. Te quiero porque me gusta nuestra casa. Porque me cuidas. Te quiero porque no me imagino sin ti. Te quiero con miedo, a veces.
¿Enamorada? O más bien atrapada, pero no es fácil llamar a las cosas por su nombre, porque no es fácil identificar lo que uno no quiere que sea, no será verdad.
Es verdad.. eso de que cambiar de escenario no hace que los problemas desaparezcan. Los mueves de sitio, los paseas por parques diferentes… los enredas con tu coletero…
Cómo vomitar a propósito cuando te encuentras mal.
Aparece un chico, Eduardo. Sí pero no. ¿Puede acaso existir otro? No. ¿O sí?
Mentí. Un poco, claro que mentí. Mentí porque el festival terminaba en dos días. Mentí porque no había nadie en ese momento que pudiese decir que no era verdad. Mentí porque la realidad no era suficiente o no avanzaba tan deprisa. Mentí porque me estaba haciendo mayor y ya me valía por mí misma.
No es que quisiera nada con Eduardo, pero me gustaba esa sensación de interesarle a alguien más que a Jaime… no quería que se esfumarse esa sensaciṕon.
¿Podía tener nuevas rutinas con otra persona que no fuese Jaime? ¿alguien podŕia desearme de nuevo? ¿Y si me enamoraba yo y se lo contaba a Jaime? ¿Y si me enamoraba yo y no se lo contaba a Jaime?
¿No merecía salir de la pinza de esa trama que me estaba deformando el estómago?
Jaime le propone matrimonio. Oh. No se puede pedir más en la vida. Todos visualizan la boda, cómo no decir que sí. Es lo que toca. Y nada podía ser mejor. Y no podía bastar con un anillo. Pues con dos.
No sé qué quiero hacer. No sé si quiero dejarlo. Me da miedo dejarlo. Me da pánico. A lo mejor no quiero estar más con él, no lo sé.
Podría irse con el chico, que por ahí sigue.
Si no volví con Eduardo, no fue por ponerme cada mañana dos anillos… No quería romper con Jaime por otra persona. Si quería romper con él, era porque me estaba encogiendo como una rana, porque me camuflaba tanto en casa que me daba miedo convertirme en el monstruo del que yo estaba huyendo. Si dejaba algún día a Jaime, necesitaba hacerlo con tiempo y con una casa a la que ir inmediatamente después, donde Frida y yo tuviésemos una cama y un edredón.
No quiero. Me voy. Pero no es tan fácil.
Pensaba ya el próximo enfado, en esa casa que se había convertido en cueva, en mi cuerpo paralizado, como mi voz, que me impedía abrir una puerta, solo una puerta, e irme para siempre.
Estoy cansada
¿Pero me quieres?
(No y ya está. Un no y me voy. ¿Qué pasaría después del no?)
Sí, claro.
¿Pasamos el fin de semana en Oporto y desconectamos?
Creo que hoy voy a dormir en casa de mi madre.
Se va.
Me fui y supe que la violencia no siempre es evidente.
Me fui pero todavía sentía una cuenta atrás pegada al pecho.
Su violencia era transparente.
Jaime no se acaba nunca.
Sabrás que todo lo que se acaba, se acabó mucho antes y no se acabará del todo hasta tiempo después.
Me encanta cómo escribe Lucía Solla: una escritura que se siente, una escritura emocional, desde el cuerpo. En algún momento me ha hecho pensar en El guardián entre el centeno, trasladado a una historia de dependencia emocional y de una relación tóxica que va estrechando poco a poco el espacio vital.
Porque quizá lo más interesante del libro no sea solo la relación en sí, sino el proceso de darse cuenta. Ese momento en que una empieza a sospechar que aquello que había confundido con seguridad, plenitud o amor también puede estar haciéndola más pequeña. Y que salir no consiste simplemente en decidir: «me voy». Hay miedo, dependencia, contradicciones, silencios, cuentas atrás, puertas que cuesta abrir.
La novela tampoco oculta esa búsqueda inicial a la desesperada, la necesidad urgente de querer, de que alguien la elija para poder sentirse valorada.
Da para comentar.

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